El hogar de Lía

Hace unos días conocí a Lía en su propia casa. Hasta hacía dos semanas su casita había sido la panza de su mamá (podéis recordarla en el post navideño “Esperando a Lía”), pero la vida se abre camino y aunque es dura al principio para los protagonistas, vale la pena retratar con sensibilidad esa primera etapa de la vida. Para mi, como buscadora incansable de detalles y obsesionada con guardar en imágenes cachitos de amor, no hay nada que me guste fotografiar más que la ternura de un recién nacido en los brazos de quiénes más le aman. Cuando veo sus arruguitas, su primera muda de piel, sus primeros “experimentos” ante un mundo hostil…  pienso en lo desvalido que viene al mundo un bebé y cuánto amor necesita de sus padres. Es entonces inevitable recordar cuánto amo yo a los míos.©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías ©Rosana_Fotografías

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